Podemos o no estar de acuerdo con este texto, pero no deja de ser interesante y tiene, por otro lado una muy buena parte de razón. Aquí os lo dejo.

No me considero alguien intelectual, ni tampoco una persona erudita, sencillamente porque cuando me encuentro con alguien culto me quedo estupefacto.
No me inspira ninguna admiración.
Una persona así, que sabe de todo en toda circunstancia, que se halla al corriente de todo, que conoce la historia de Italia en la época del Renacimiento, la geografía del Polo Norte, me parece abominable.
Quiero decir que yo no poseo ningún saber de reserva.
A mi muerte no tendré problema.
Es una ventaja.
No habrá nada que publicar.
No quedará ninguna provisión.
Todo lo que aprendo es para una tarea precisa, de tal forma que una vez acabada ésta, me olvido.
Si después, al cabo de 10 años, estoy obligado a tratar del mismo tema, debo recomenzar desde cero.
Salvo que sea sobre motivos que se hallan en mi corazón.
No en mi cabeza.
La gente culta es que habla, que ha viajado en la historia, en las disciplinas, en las biografías.
Personas como Umberto Eco me resultan prodigiosas.
Todo lo que se les pregunta lo saben.
No hay más que apretar un botón y sale algo, y además, lo curioso es que saben lo que dicen.
No los envidio.
Aborrezco a los intelctuales.
Hablar me parece sucio. Escribir, al contrario, es limpio.
No soporto los coloquios ni las conferencias porque hablar es en definitiva encantar, seducir.
(Fragmento de la entrevista de Oswaldo Muñoz al filósofo francés [Gilles Deleuze] publicada en Babelia el 22 de julio de 1995).




1 comentario
almiranteliterario
2 sep 2008 | 01:33 PM
Ola, te he dejado respuesta en mi blog a tu mensaje, respuesta para darte un poco de oxígeno.
En cuento al post que dejas. Me inspira alguna reflexión. El que busca el conocimiento es porque no sabe. Por eso el intelectual conoce y no sabe. Simplemente es un camino, como cualquier otro, para llegar a la sabiduría. La sabiduría creo que es un Santo Grial accesible solo a iniciados, a caballeros artúricos. Solo anida en la inocencia. En la de los niños indiscutiblemente, ahí la sabiduría se manifiesta en pureza. También en la de los adultos que conservan su alma de niños.
Dios no conoce porque sabe. El hombre conoce porque no sabe. Este es el resumen de lo que me inspira tu post.
Por cierto he releído este verano " Gargoris y Habidis (Historia Mágica de España) de Fernando Sánchez Dragó. Creo que, si no lo has hecho, debes hacerte con ella. ¿ Por qué?. Porque este libro, único que se salva de la quema de este autor español, alza un versión de España planteada desde los mitos, de lo que reside en el subconsciente colectivo. Siguiendo a Jung, parte de la tesis de que los mitos, aunque no del todo ciertos o reales, son la traducción de recuerdos que el subconsciente colectivo arrastra desde el inicio de los tiempos. Así parte Dragó de la Atlántida para analizar su influencia en la península y desde ella pasa por todo el espectro mágico, incluidos, como no, El camino de Santiago, Los Templarios, Los Herejes, Los Brujos, los Magos, Los reyes de la Casa de Austria, grandes iniciados en conocimientos esotéricos. La visión es que España, con los Borbones y la Ilusrtración perdió todo lo que de mágico tenía acrisolado. Te va a encantar. Eso seguro. Un abrazo y ánimo.
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